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Discurso del Día de la Comunidad 2017

DÍA DE LA COMUNIDAD 2017

Valladolid, 21 de abril de 2017

Queridas amigas y amigos:

La entrega de los Premios Castilla y León sirve de prólogo un año más a los actos de celebración del 23 de abril, fiesta oficial de nuestra Comunidad. Con ellos agradecemos a los premiados su intensa dedicación a los valores superiores de la creación artística y literaria, del pensamiento y la investigación, del esfuerzo por la superación personal y por la solidaridad. Reconocemos su activa contribución a la construcción de un mundo más humano y digno. Y les expresamos el orgullo que todos sus paisanos sentimos por los “mejores de los nuestros”: ese factor humano y próximo que nos identifica todavía más con una Comunidad que apuesta por la excelencia y el progreso. Y que demuestra con ellos el mucho talento que posee y su capacidad para hacer grandes cosas.

En un día dedicado a Castilla y León, procede comenzar por alguien nacido en otro lugar de España, pero que está dedicando aquí toda su vida a que nos conozcamos mejor. Es José Manuel Ruiz Asencio, Premio de las Ciencias Sociales y Humanidades. Un hombre bueno y sabio. Investigador minucioso y expositor persuasivo. Uno de los catedráticos más respetados de nuestra Universidad. Como excelente profesor para tantos alumnos. Como maestro de una muy notable escuela de paleógrafos. Y como director de brillantes e incansables equipos de investigación. Su detallada labor de análisis y transcripción de miles de antiguos documentos de nuestros archivos, como él dice: “estrujándolos al máximo”, ha permitido conocer mejor a figuras claves de nuestra historia. Pero sobre todo saber más cosas de una seña de identidad tan propia como es nuestra lengua. Estudiando las expresiones usadas por algunos escribas medievales del alto Ebro que no dominaban bien el latín culto, el profesor Ruiz Asencio ha realizado aportaciones definitivas sobre la antigüedad y el proceso de formación y evolución del castellano. Y ha facilitado así nuevas fuentes de conocimiento sobre la lengua que hoy hablamos en el mundo más de 600 millones de personas.

También hijo adoptivo de esta tierra, y dueño de una sólida trayectoria científica y profesional, es Juan Jesús Cruz Hernández, Premio de Investigación Científica y Técnica e Innovación. En una de las áreas médicas más sensibles para la sociedad actual, como es el cáncer, nos ha enseñado el valor de la constancia y el trabajo riguroso. Un ámbito en el que insiste que los avances se hacen “paso a paso”. En una guerra lenta pero sin tregua. En la que, a la manera de un “caballero sin armadura pero con bata blanca”, está contribuyendo día a día a aumentar la calidad de vida de los enfermos, y también el número de los que vencen a la enfermedad. Todo ello a través de un triple esfuerzo que considera único e indivisible: el investigador, el asistencial y el docente. Como catedrático de la Universidad de Salamanca. Como Jefe de Oncología de su Hospital Clínico. Y como líder de brillantes equipos de especialistas e investigadores, que son alma de Centros de referencia, o de iniciativas pioneras como las primeras Unidades de consejo genético. La suya es sin duda una aportación esencial para que hoy en Castilla y León se esté practicando una oncología de enorme nivel en la prevención, diagnóstico, tratamiento y cura del cáncer.

Y junto al esfuerzo por la salud de las personas, el esfuerzo por la salud de toda la sociedad. Por lograr una Comunidad cada vez más humana y solidaria. Es el ejemplo de ASPAYM, Premio de los Valores Humanos y Sociales. Una de las entidades más activas y representativas del movimiento asociativo de la discapacidad de Castilla y León. Que hoy ve reconocida la ingente labor desarrollada durante ya 25 años para promover la autonomía, la igualdad de oportunidades, y la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad, especialmente física, buscando su plena integración social y laboral. El trabajo de ASPAYM es ejemplar. Partiendo inicialmente de la atención a las discapacidades sobrevenidas, ha sabido poner en marcha un modelo integrador de gestión, que tiene como resultado la calidad de sus servicios, su apuesta por el medio rural, y su apertura al resto de la sociedad y a la economía productiva. Siempre buscando el bienestar de las personas con discapacidad y el apoyo a sus familias. Y siempre haciéndonos mejores: ya poniendo en marcha iniciativas de sensibilización social, ya colaborando en los avances de nuestra política social en la atención a la discapacidad, el impulso de la igualdad de oportunidades, y el desarrollo de la accesibilidad.

Descubrir un buen escritor es siempre una sorpresa impagable. Pero comprobar además que detrás del creador hay un buen tipo, un ser humano sensible y generoso, es un gran regalo. Así ocurre con Óscar Esquivias Galerón, Premio de las Letras. Un hombre inteligente. Y por eso mismo, un hombre sencillo y afable. Dotado de un excepcional sentido del humor. Que a su indiscutible talento literario suma una pasión infinita por la belleza y por las cosas hermosas. Escritor aún joven, pero ya fecundo. Que ha tratado la poesía y el ensayo, la narrativa juvenil, la novela y el cuento, que es por donde dice caminar más a gusto. Su vida es su oficio: crear, escribir, que es lo que le hace libre. Afirma que la literatura tiene que hablar sobre lo que nos importa, nos emociona o nos perturba. Y debe hacerlo con eficacia y precisión, que es lo que le da belleza. El resultado es una obra llena de luz, ingenio y encanto. Una obra madura. En la que de una forma natural surge el protagonismo de Burgos, que para él es esa “ciudad del alma que nos alienta y nos acusa y todos llevamos dentro”, según el bello verso de Claudio Rodríguez. De su pueblo, Villandiego, y de ese mundo rural al que siempre regresa buscando ser y respirar. Y del arte y el paisaje de Castilla y León, sobre los que tanto y bien ha escrito. Lugares que lleva incorporados en su memoria, y están tan presentes en su amor y sus sentimientos.

También a su Comarca natal, El Bierzo, se escapa para desconectar y descansar, después de las grandes competiciones y los muchos homenajes, Lydia Valentín Pérez, Premio del Deporte. Una atleta que ha logrado atraer el interés popular hacia una disciplina tan clásica pero minoritaria como la halterofilia. Una deportista que está cerca de convertirse en la más galardonada de la historia de nuestra Comunidad. Como ejemplo, recibió este Premio el mismo día que conseguía su tercer Campeonato Europeo de su especialidad, incrementando así un excepcional medallero, que incluye tres metales olímpicos en tres Juegos distintos: plata en Pekín 2008, oro en Londres 2012, y bronce en Río 2016, única deportista española que lo ha conseguido. Y siempre de manera justa. Ejerciendo y reclamando el juego limpio. Donde los éxitos sólo proceden de las horas de entrenamiento, esfuerzo, constancia y espíritu de superación. Una filosofía de vida llena de control mental, sacrificio físico, exigencia y disciplina. Que Lydia hace plenamente compatible con su condición de mujer familiar y sencilla, cercana y elegante. Y dueña de una rotunda sonrisa que, junto a su innato talento, hacen que sea una figura querida y admirada por todos.

Pocas ciudades hay en España que vivan una identificación tan intensa con una actividad cultural como la que existe entre Valladolid y los vallisoletanos con su SEMINCI, Premio de las Artes. Es uno de los festivales de cine más antiguos y consolidados de Europa. El segundo de España, y una de sus 50 mayores empresas culturales. A lo largo de sus ya 61 ediciones, y sin perjuicio de su continuado esfuerzo de adaptación a los nuevos tiempos y los nuevos espectadores, la SEMINCI ha sabido mantener su personalidad, su autenticidad y su coherencia. Apostando por un cine de calidad que, además y muy por encima de los aspectos comerciales, da protagonismo a los valores humanos y las sensibilidades sociales. En todo este tiempo, ha facilitado la llegada hasta nosotros de cinematografías casi desconocidas. De nuevos campos de expresión de la ética y estética del cine. Y de sus creadores más modernos e innovadores. Hasta llegar a convertirse en una referencia mundial del llamado “cine de autor”. El compromiso por una identidad propia de un festival muy respetado por todos aquellos que amamos el cine. Y una cita obligada y muy atractiva cada otoño, tanto para los profesionales del sector, como para los medios de comunicación especializados. Y también para el gran público, que con tanta devoción y emoción vive la que por muchas razones puede considerarse la “otra Pasión de Valladolid”. Sin duda una de las más importantes iniciativas culturales de Castilla y León.

Queridas amigas y amigos:

Estos seis nuevos nombres propios se incorporan a la brillante nómina de "los mejores de Castilla y León". Una referencia obligada cuando hablamos de los grandes valores de una Comunidad "histórica y cultural" como la nuestra, según la define bien el propio Estatuto de Autonomía. Y que es también "política", en el marco de la Constitución que en 2018 va a cumplir 40 años garantizando la libertad de los españoles y la autonomía de sus Comunidades.

Una identidad propia larga y fuertemente vinculada a la de todas las demás Comunidades de España. Y también muy directamente enraizada con la identidad de Europa. Algo oportuno de recordar cuando se está celebrando el 60 aniversario de la actual Unión Europea.

Un proyecto sin duda débil e inacabado. Muchas veces más orientado hacia los intereses de la economía y los mercados que hacia las más cercanas necesidades de los ciudadanos. Con poca capacidad de respuesta frente a los grandes retos y desigualdades que plantean un mundo y unas sociedades cada vez más globales y acelerados. Y que sufre la creciente hostilidad de los que propugnan nuevas fronteras, separaciones, protecciones y muros.

Pero un proyecto sobre el que hay que seguir insistiendo, para que al fin todos podamos reconocerlo como la historia de un éxito común. Que dé continuidad y más contenido a lo que ya son seis décadas de paz y convivencia, tan distintas de los anteriores conflictos crónicos internos. Que siga haciendo de nuestro Viejo Continente el espacio más completo de libertades y de mayor progreso económico del mundo. Y que preserve esa cultura plural, abierta y avanzada, que ha sido y es modelo para muchos.

Recordemos en todo caso que Europa no se ha hecho en solo 60 años sino en muchos siglos. Y no cabe por ello confundir su fachada actual, la Unión Europea, con un edificio ancestral y unos sólidos cimientos, donde se integran principios y experiencias de algunas de las principales civilizaciones de la humanidad. Y creaciones tan esenciales en la evolución de la misma como son la filosofía griega, el derecho romano, el humanismo, la ilustración, y otras muchas reformas y avances en el mundo de las ideas, las ciencias, las comunicaciones y las tecnologías.

Y es que la verdadera Europa es ante todo una forma de ser y de vivir. Una gran cultura. Unos principios y valores comunes, creados, construidos y desarrollados durante una historia milenaria. Una historia en la que Castilla y León ha tenido siempre una aportación que no es precisamente menor, y que hoy quiero resumir en algunos rotundos ejemplos.  

Ahí está, para empezar, Atapuerca, la casa del "hombre explorador", el rastro sorprendente de la presencia, actividad y evolución de los primeros europeos.

Y está también, aunque mucho más adelante, Numancia, de cuyo asedio y voluntad de resistencia se conmemora ahora el 2.150 aniversario. Testimonio de que el conflicto, la crueldad y el valor han estado presentes desde su inicio, y en tantas ocasiones, en la andadura europea.

Pero están asimismo nuestros muchos y valiosos monumentos y bienes, más grandes o pequeños, civiles o religiosos, ejemplo vivo de todos los estilos e influencias del arte y la arquitectura europeos. Tantos de ellos sitos en el Camino de Santiago, llamado con razón la "Calle Mayor de Europa". La historia y huellas de los pasos peregrinos tuvieron importancia capital en la primera construcción de Castilla y León. Y también de la propia Europa, que se llegó a decir que "había nacido de la peregrinación".

Y está, como no, la lengua nacida castellana, y más tarde común de todos los españoles. Hija del latín, y hermana de otras muchas lenguas europeas. Nuestro mayor patrimonio de la humanidad. Y la forja de una de las literaturas más ricas y deslumbrantes del mundo, que celebra también su gran fiesta el día 23 de abril.

Otra referencia es hoy necesaria. Una capital expresión en el ámbito político de la voluntad innovadora de la cultura europea. La que hizo de las Cortes de León de 1188 la auténtica cuna del parlamentarismo moderno. Sus Decreta son hoy "Memoria de la Humanidad". Y se reconocen, salvo casos de lamentable ignorancia o malicia, como las precursoras de las asambleas que más tarde aparecieron en Europa. Y el primer paso de su tradición democrática, a través de la participación ciudadana.

Y todavía hay más. E incluso se puede afirmar que la misma Unión Europea ha tenido algún lejano precedente también vinculado a nosotros. Van a conmemorarse cinco siglos de la llegada a nuestras tierras del que luego sería Emperador Carlos, y su proclamación en Valladolid como Rey. Su gran proyecto fue impulsar una "Monarquía Universal y Cristiana", y unificar política y religiosamente Europa. Seguramente no pudo prever y entender que en esta tierra dura y austera iba a encontrar serios obstáculos a sus propósitos, frente a los cuales solo pudo utilizar la fuerza.

Casi al tiempo de su llegada aquí, comenzaba en Europa un profundo movimiento de Reforma religiosa, la Protestante, que también iba a contar con notables figuras nacidas en nuestra tierra. Entre ellas, la del burgalés Francisco de Enzinas, primer traductor al castellano desde el griego de los Nuevos Testamentos, cuyo nacimiento en 1518 y obra van a ser recordados a lo largo del año.

Por otro lado, Carlos se topó en Castilla y León con un movimiento popular que defendía ideas que hoy nos resultan cercanas y naturales. El papel más activo y protagonista del pueblo. Unas Cortes mucho más representativas, influyentes y limitadoras del poder real. O unos municipios asentados sobre la democracia directa. Es justamente el Movimiento Comunero, cuya trágica culminación en la batalla de Villalar de 23 de abril de 1521 se recuerda cada año en el Día de la Comunidad. Y que relevantes historiadores han considerado como “la primera revolución moderna”.

Finalmente, hoy es imprescindible destacar el papel esencial que en la configuración del espíritu y el proyecto europeo tuvieron y siguen teniendo sus Universidades. Con las que, a partir del deseo de revivir los saberes clásicos, se creó un formidable entramado de relaciones y conocimientos compartidos, con relevantes figuras que se comunicaban utilizando el latín como lengua común.

Una enorme empresa para la creación y transmisión del conocimiento y del saber, en la que desde un primer momento nuestros Estudios y luego nuestras Universidades tuvieron un gran y activo protagonismo. Es el caso en particular de la Universidad de Salamanca, cuyo VIII Centenario va a celebrarse en 2018 como un auténtico acontecimiento de Estado. Una gran Institución, de extraordinaria importancia académica y cultural, y de enorme prestigio en todo el mundo, a la que la Comunidad ha concedido su mayor distinción: la Medalla de Oro de Castilla y León, recogida por su Rector.

Fundada por el rey Alfonso IX de León, y consolidada después como la principal de la Corona por Fernando III, la de Salamanca constituyó uno de los pilares básicos de ese sistema universitario europeo, junto a las de Bolonia, Oxford y París. Fue la primera institución europea en obtener el título de Universidad. Y sus grados tenían validez en todo el mundo cristiano.

Creó una Escuela cuyas ideas y aportaciones han sido decisivas. En la creación del Derecho de Gentes, base del actual Derecho Internacional. En la ciencia económica moderna. En la teología y la reforma de la Iglesia Católica en Trento. Pero también como uno de los principales focos del pensamiento ilustrado español. Alma mater de personalidades que tuvieron un papel fundamental en las Cortes de Cádiz y en la Constitución aprobada por ellas. Incluso fue avanzada en igualdad, acogiendo a las primeras alumnas universitarias del mundo: Beatriz Galindo y Lucía de Medrano, que además fue la primera mujer que dio clases en una Universidad.

Son ocho siglos como fuente de saber. Haciendo historia y creando futuro. Siendo modelo en España y en Hispanoamérica. Evolucionando con los tiempos para reforzar su bien ganado prestigio. Así, hoy ha conseguido aumentar su proyección externa, acogiendo un gran número de alumnos de otros territorios españoles y de otros países. Es uno de los más importantes centros en la enseñanza del español para extranjeros. Sin duda es líder en humanidades y estudios clásicos. Pero también ha consolidado posiciones de prestigio en ciencias y tecnologías. Ocupando lugares de referencia en muchos ámbitos de la investigación más avanzada.

Por todo ello, más de 30 profesores, doctores, investigadores y otras personalidades vinculadas a la Universidad de Salamanca han recibido desde 1984, año de su creación, alguno de los Premios Castilla y León. Una nómina que hoy cierra provisionalmente el profesor Cruz Hernández.

Aquél primer año lo hicieron Joaquín de Pascual y Antonio Tovar, que había sido Rector de la Universidad. Como Rodríguez Villanueva y Amat, premiados más tarde. Y junto a ellos, entre otros muchos, las figuras ilustres de Sánchez Granjel, Rodríguez Adrados, García de la Concha, Pascual Rodríguez, Borrego Nieto, Iglesias Santos, Fernández Álvarez, Santos de Dios, López Borrasca, Gómez Alonso, San Miguel Izquierdo, Orfao de Matos, Flores Villarejo, Sierro Sánchez, y la entrañable Catalina Montes.

La Universidad de Salamanca representa claramente para nosotros el valor superior de la enseñanza y la educación. El carácter esencial de un sistema educativo con calidad y equidad. Cada vez más abierto al exterior, y vinculado a la sociedad a la que pertenece. La académica palanca del progreso y el futuro de nuestra Comunidad.  

Queridas amigas y amigos:

Todas estas aportaciones a la común historia europea son una buena muestra de nuestro dinamismo a lo largo de los tiempos. Y están muy lejos de esos inmovilismos o resignaciones que algunos nos atribuyen. Reflejan nuestra iniciativa. Nuestra capacidad. Nuestra voluntad de aportar cosas al entorno en el que vivimos y actuamos. Retomando las palabras con que comenzaba, expresan nuestra apuesta por la excelencia y el progreso.  Algo que tan certeramente representan hoy nuestros premiados.

La trayectoria, el trabajo y el éxito de éstos nos deben servir como ejemplo para la propia trayectoria de la Comunidad. Cuyas principales cuestiones y grandes prioridades necesitan de la participación de todos. Algo que facilita la propia democracia representativa. Pero que también debemos seguir impulsando a través de la participación y la inclusión. Del ejercicio responsable del más amplio diálogo y acuerdo político y social. Un esfuerzo que todos venimos realizando en las auténticas “cuestiones de Comunidad”. Y que hoy vuelvo a agradecer a todos sus activos protagonistas.

Para consolidar entre nosotros un crecimiento estable e inteligente, capaz de crear más y mejor empleo. Y dar así respuesta y oportunidades a los casi 178.000 paisanos, muchos de ellos jóvenes, que seguían registrados como demandantes de empleo a finales de marzo. Un objetivo al que se orientan los más recientes Acuerdos del Diálogo Social en materia de empleo. Y también el amplio Pacto para la Reindustrialización suscrito hace sólo unos días por casi todos los Grupos Parlamentarios de nuestras Cortes. O el trabajo iniciado con las Organizaciones Agrarias para la defensa de nuestros intereses en la negociación de la futura PAC.   

Para afrontar cuestiones tan graves y complejas como las de pérdida y envejecimiento de nuestra población. Para lo que necesitamos la más amplia colaboración dentro de la Comunidad. Y también con las otras que asimismo se ven afectadas directamente por este problema. Especialmente en un momento en el que por fin la elaboración de estrategias transversales y comunes se ha incorporado a las políticas nacionales y europeas.

Para garantizar la calidad y equidad de nuestros servicios públicos, contando para ello con recursos suficientes y ajustados a las condiciones de nuestra población y nuestro territorio. En un proceso de reforma del actual sistema de financiación autonómica, donde nuestra principal fortaleza es que lo afrontamos también desde principios compartidos, en una posición común que cuenta con un amplio respaldo parlamentario.

En fin, para seguir trabajando en Red, junto a tantas Entidades y Organizaciones del Tercer Sector y a nuestras Corporaciones Locales, para garantizar la protección a las personas y familias más vulnerables, o en riesgo o situación de exclusión, atendiendo a sus necesidades más urgentes, vitales y esenciales.

Queridas amigas y amigos: finalizo.

Os invito siempre a compartir de una forma natural la emoción serena y profunda que expresa el orgullo de ser, de sentir y de vivir en Castilla y León. Nuestra tierra. Nuestra Comunidad.

Una tierra ancha, extensa y abierta. Como si su amplio contorno físico quisiera reflejar una vocación constante de apertura a lo universal.

Y sobre esta tierra lo que mejor nos define: nuestras personas. Nuestras gentes. Nuestros paisanos. Mujeres y hombres con sus afanes y trabajos. Sus grandezas y limitaciones. Los que con su esfuerzo, tenacidad y buen sentido, hacen de verdad que Castilla y León avance día a día. Sin ruidos ni artificios.

Gentes con raíces fuertes, de nacimiento o de adopción. Que sienten y aman lo propio, pero no desprecian ni renuncian a la riqueza de compartir lo común. Protagonistas sin exclusiones en el proyecto colectivo de España. Y desde España, en la gran aventura Europea, con la naturalidad que dan tantos títulos y aportaciones.

Gentes que asumen y ejercen el viejo principio de que “aquí nadie es más que nadie”. Pero tienen la inteligencia y la generosidad de reconocer el mérito y el éxito de los demás. Por lo que hoy, en vísperas de la fiesta mayor de nuestra Comunidad, se identifican todavía más con ella gracias al orgullo por “nuestros mejores”. Por quienes en este acto han recibido los Premios y la Medalla de Oro de Castilla y León.

Muchas gracias.

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